Silencio en la noche hace hincapié, en su publicidad y en las advertencias iniciales y finales, en que se basa en hechos reales. Es curioso, porque no añade ni distingue en nada a su relato: el encuentro de un anfitrión radiofónico (más bien un autobiógrafo, interpretado por Robin Williams) con un enrevesado caso psiquiátrico. Igual de superfluo es el aburrido espacio concedido a la vida privada de ese señor, a cuenta del vínculo incidental entre el hecho de que su compañero de vida tenga SIDA, se haya mejorado y lo deje plantado, con el que el niño imaginario también lo tenga, en estado terminal. El cuento consiste en la angustiosa búsqueda del niño telefónico y el encuentro con su creadora (Toni Collette), sola atracción frente a la monotonía del bondadoso Williams. El film goza de la luz del día en un escaso 10% y el espectador termina agotado de tanto esforzar la vista. Ambretta Marrosu
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