miércoles, 28 de noviembre de 2007
Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, España, 2003). No es la película más promocionada en este Festival de Cine Español, bastante gris en su programación y en su difusión, pero es una de las más brillantes. Es difícil hablar de violencia de género –así la llaman ahora- sin recurrir al melodrama o el efectismo. Te doy mis ojos lo evita al sustentarse en el trabajo de los actores; al comenzar cuando aparentemente lo peor ha pasado y en sus intenciones. Por una parte, muestra la transformación del Pilar, que pasa del silencio y la sumisión a la acción y la independencia. Por otra, atiende a Antonio y su intento de “curación”, patético y fracasado. El contexto familiar y profesional va adquiriendo peso. Lo individual se vuelve social. Algunas escenas son algo retóricas. Otras evaden los excesos dramáticos con algo de humor. Es inevitable recordar a los actores: Laia Marull, Candela Peña, Luis Tosar y los que interpretan a los hombres en la terapia. Cine barato y bueno. (Ricardo Azuaga)
Ni tan largos… ni tan cortos (Héctor Palma, Venezuela, 2007). Por suerte no son tan largos estos 2 cortos de 30 minutos cada uno. Larga distancia dice ser un filme de suspenso. No es tal. La historia del hombre que habla consigo mismo desde la muerte es insípida y previsible. Los textos del cuasi monólogo son artificiosos y los recursos del actor no los mejoran. Como otros, el realizador confunde calidad técnica con calidad artística. O sea, los decorados, la iluminación, los registros de cámara y algunos efectos brindados por la tecnología digital recuerdan la publicidad del whisky y de perfumes caros, pero sin ninguna propuesta interesante. Mayor o menor es una comedia cuya gracia se basa en decir groserías, pero los dos protagonistas resultan simpáticos por su naturalidad no necesariamente televisiva. La calidad técnica permanece y, aunque el estilo es menos publicitario, la Polar Ice está en primer plano un par de veces. Al final, otra vez, todo es un chiste. En uno y otro caso, lo más entretenido son los comentarios del público. Mucho más ingeniosos que la(s) película(s) (Ricardo Azuaga)
Noches mágicas de radio (Robert Altman, EEUU, 2006) es literalmente la última película de Altman. De bajísimo presupuesto, obra menor en su carrera, insólita como casi siempre, merece algunas consideraciones. En cuanto a producción, su filmografía puede pasar de una especie de minimalismo intimista a la producción más ostentosa; del cine sobre la guerra a los dramas urbanos y de la fábula moderna al más banal encargo. Pero casi siempre se mantienen la mirada crítica a la sociedad norteamericana, el sentido del humor, la construcción coral y un elenco impecable. A Prairie Home Companion –título más digno que Noches mágicas de radio- muestra la última retransmisión de un anticuado programa radial en Minnesota que realmente existió durante varias décadas. No es más que eso. La recreación del último show. Prácticamente sin exteriores, filmado entre un escenario y su tramoya, con actores admirables que pasan casi toda la película cantando música country o jingles publicitarios y sin alardes tecnológicos, habla de la decadencia de las artes y los medios de comunicación, se permite cursilerías televisivas y lamenta la pérdida de la memoria. Hacer homenajes post mortem es una ridiculez. Altman casi merece ese desliz. (Ricardo Azuaga)
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